jueves, 7 de junio de 2012

¿Pueden los Cristianos danzar o bailar?


Algunas iglesias han enseñado tradicionalmente que el cristiano no debe bailar, debido a que dicha práctica tiende a menoscabar y destruir la vida espiritual y moral. Sin embargo, muchos se preguntan:
¿Por qué no podemos bailar? Posiblemente conocen lo que enseña la iglesia, pero tienen dudas en cuanto a la base bíblica de tal enseñanza. ¿Acaso la Biblia no menciona al baile como una práctica aceptable? Si David bailó delante de Jehová, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?

El baile o la danza se mencionan un poco más de veinte veces en las versiones castellanas de la Biblia. Por ejemplo, la Reina-Valera Revisada (RVR), versión 1960, utilizada por la mayoría, se refiere al baile o la danza en 27 pasajes. El número de veces varía según la versión1 debido a que las ocho palabras hebreas utilizadas tienen más de un significado y pueden traducirse de distintas maneras. De un total de 139 veces que se usan estas palabras en el texto original, no alcanzan a 30 las veces que se pueden traducir como baile o danza. La mayoría de las referencias están en el Antiguo Testamento (22 veces en la RVR)> mientras que las 5 referencias del Nuevo Testamento se circunscriben a los Evangelios sinópticos.

 Bailes o danzas con fines religiosos o de diversión

Un análisis de los 27 pasajes en los que la versión RVR se refiere al
baile o la danza muestra que, con una sola excepción, en todos los casos
se trata de una expresión de sano gozo y alegría, generalmente asociada a
la adoración religiosa. Muchos pueblos vecinos de Israel practicaban el
baile o la danza con otros fines, como el baile orgiástico y excitante de
los cultos idólatras, o la danza fúnebre acompañando las ceremonias
mortuorias. Pero los israelitas fueron diferentes. No se registra ni un
solo ejemplo de danza sensual, ni tampoco de danza fúnebre en la Biblia.
Por el contrario, la danza o el baile eran manifestaciones puras e
inocentes de júbilo, la mayoría de las veces asociadas con la alabanza a
Dios. Consideremos los textos más representativos.
 
Un buen pasaje para comenzar nuestro estudio se encuentra en el capítulo 3
de Eclesiastés, donde Salomón ilustra poéticamente el principio de que
"todo tiene su tiempo" . Para ello se vale de una serie de contrastes
bellamente arreglados en pares paralelos, un recurso típicamente hebreo En
el versículo 4 dice que hay "tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de
endechar, y tiempo de bailar". La idea es clara: bailar es una expresión
de alegría en contraposición a endechar, así como reír denota gozo en
contraste con llorar. La palabra hebrea que aquí se ha traducido como
"bailar" significa básicamente "saltar", y así se traduce en siete de los
nueve pasajes donde aparece en todo el Antiguo Testamento. En realidad,
aun en nuestra cultura es muy común la manifestación de alegría mediante
pequeños saltos, conducta que se puede observar en los niños cuando
reciben una buena noticia, o en los jóvenes y adultos cuando festejen un
gol en un partido de fútbol. Similarmente, en Salmos 30:11 y en
Lamentaciones 5:15, la danza se presenta como sinónimo de alegría en
contraste con el lamento o el luto, que en estos textos se considera un
resultado de la providencia divina
 
El Antiguo Testamento presenta varios ejemplos de manifestaciones de
alegría valiéndose de esta expresión. Uno puede imaginar a una
adolescente, la hija de Jefté, que al recibir a su padre victorioso
expresa su júbilo brincando inocentemente, como lo registra Jueces 11:34.
De la misma manera, las mujeres de Israel salieron a recibir a Saúl y a
David cantando y danzando para festejar el triunfo sobre Goliat y los
filisteos (1 Sam. 18:6). En una oportunidad anterior, las mujeres
israelitas habían expresado su gozo por la liberación milagrosa en el Mar
Rojo mediante cantos y danzas (Exo.15:20, 21) En este caso, el canto y la
danza fueron una manifestación de gratitud y alabanza a Dios.
 
Este y otros casos evidencian que, contrariamente a lo que ocurre en la
cultura occidental, la danza en los tiempos bíblicos estaba estrechamente
asociada con la adoración y la alabanza a Dios. El ejemplo más conocido es
el de David encabezando la procesión que llevaba jubilosamente el arca a
Jerusalén. Vestido con un efod de lino, atuendo característico de los
sacerdotes, "David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová" (2 Sam
6:14) Se puede entender mejor el significado de esta frase al leer en el
versículo 16 que David "Saltaba y danza delante de Jehová". Nuevamente se
presenta la danza como una manifestación física de alegría mediante
saltos. Efectivamente, el relato enfatiza que el traslado del arca se
realizó con gran alegría y júbilo (vs. 12, 15)

Es en este contexto que se aclara el sentido de las invitaciones del
salmista a alabar a Jehová con danza registradas en Salmos 149:3 y 150:4.
 
Los últimos capítulos de Salmos utilizan un lenguaje figurado para llamar
a la creación entera, animada e inanimada1 a alabar a Dios. Si bien no se
puede tomar en forma literal todo lo dicho, estas expresiones referidas a
la danza como parte del culto divino eran perfectamente normales para la
mentalidad oriental. "La danza en los tiempos bíblicos era una
manifestación externa de gozo santo, que se realizaba con el mismo
espíritu con que se elevaban cantos de alabanza u oraciones de
agradecimiento" (Comentado bíblico adventista, t1, p. 584; ver también el
t.2, p.626).
 
Características de las danzas bíblicas

Del análisis de los textos bíblicos surgen claramente dos características
del baile o la danza tal como la practicaban los israelitas en tiempos del
Antiguo Testamento.

En primer lugar; nunca bailaban en grupos mixtos. Danzaban las mujeres
solas (Éxo. 15:20; Juec. 21:21, 23; 1 Sam. 18:6, 7; 21:11, 29:5); o la
hija de Jefté sola (Juec. 11:34); o David solo (2 Sam. 6:14, 16, 21; 1
Crón. 15:29); pero nunca en grupos mixtos. La única excepción se encuentra
en Éxodo 32:17-19, donde Moisés dice que el culto al becerro de oro estaba
acompañado de cantos (que de lejos padecían "alaridos de pelea") y danzas.
Los israelitas habían aprendido a rendir este tipo de culto en Egipto,
donde se adoraba al buey Apis, que representaba a Osiris, el dios Sol. El
baile que usaban los egipcios en la adoración al buey Apis era indecente y
sensual, e iba acompañado del más grosero libertinaje. Con los sentidos
embotados por la ingestión de bebidas alcohólicas (Exo. 32:6), los
israelitas se entregaron a una orgía desenfrenada. Dios la sintetizó
diciendo que el pueblo se había "corrompido" (v 7) La palabra traducida
"corrompido" es la misma que se utiliza en Génesis 6:12 para describir la
condición del mundo antediluviano:
"Toda carne había corrompido su camino sobre la tierra". Evidentemente el
Señor tenía sobrados motivos para desaprobar enérgicamente este único caso
que se registra en la Biblia de un baile realizado por hombres y mujeres
juntos. En todas las otras referencias bíblicas, el baile o la danza era
realizada por un solo sexo.

En segundo lugar; el baile o la danza de los israelitas no se realizaba
como una diversión sensual sino como una expresión de gozo o una
manifestación de alabanza y adoración a Dios. En contraste con el baile
desenfrenado que practicaban las naciones vecinas como parte de sus cultos
idólatras> la danza de los israelitas no era pasional ni licenciosa. No
existe pasaje bíblico que insinué una connotación sexual para la danza. Si
ese hubiera sido el caso, se encontrarían alusiones a la danza en el
Cantar de los Cantares; pero en este libro el baile o la danza no se
mencionan siquiera una vez. Por otro lado, hay suficientes indicaciones en
cuanto a la forma como se bailaba o danzaba en Israel como para descartar
completamente todo propósito lujurioso. Las palabras hebreas dan la idea
de saltos y movimientos circulares, sea en rondas o en forma individual, o
como parte de las procesiones religiosas. Tampoco hay referencias a bailes
realizados de noche, sino de día y al aire libre Además el atuendo de los
participantes consistía normalmente de túnicas largas y sueltas, que no
llamaban la atención a las formas del cuerpo.

 Por todas estas características, entonces, es evidente que el baile o la
danza de los tiempos bíblicos no era una diversión licenciosa. El único
caso de baile excitante y sensual mencionado en la Biblia es el de la hija
de Herodías, quien danzó seductoramente para el rey Herodes y sus
huéspedes en el día de su cumpleaños (Mat. 14:6; Mar. 6:22). De hecho, no
es éste un ejemplo digno de imitar, pues tuvo como consecuencia inmediata
la muerte de Juan el Bautista1 y la extinción de la última oportunidad
para arrepentirse que tenía Herodes.

¿Si los tiempos cambiaron, ¿no deberían cambiar los principios?

Hasta aquí el análisis de las referencias bíblicas acerca del baile y la
danza. Lo realizado por los israelitas. Justifica que los cristianos del
siglo XX participen de los bailes? Por lo ya expuesto podemos contestar
simplemente que NO (ver patriarcas y profetas, p. 766).

Pero alguien podría preguntar: ¿No podríamos hacer bailes religiosos, como
en los tiempos del Antiguo Testamento? La respuesta nuevamente es
negativa1 por varias razones. En primer lugar, porque vivimos en una
cultura diferente que la del Antiguo Testamento. Aunque el ser humano
tiene las mismas emociones y sentimientos en todas las culturas, la forma
de expresar esas emociones o sentimientos varía entre una cultura y otra.

Las diferencias culturales se ven en todos los aspectos de la vida. Los
principios que rigen la vida del creyente y su adoración son universales,
pero la forma de aplicarlos varía. Por ejemplo, los hebreos manifestaban
reverencia ante la presencia de Dios quitándose los zapatos, cosa que en
nuestra cultura se considera una grave falta de reverencia y de respeto.
Otro ejemplo es la exteriorización de tristeza y arrepentimiento, que los
israelitas indicaban rasgando sus vestidos y colocando ceniza sobre sus
cabezas, lo que en nuestra cultura sería visto casi como una expresión de
desequilibrio mental. Una diferencia similar ocurre en relación con el
baile y la danza1 que para la mentalidad israelita tenia un sentido muy
diferente al que tiene la sociedad contemporánea occidental.
 
Hay otras razones. Mientras que la danza se relaciona con el culto más de
una vez en el Antiguo Testamento, no ocurre lo mismo en el Nuevo
Testamento, que no contiene ninguna referencia al baile como parte de la
adoración. El baile se menciona solamente en los tres primeros Evangelios,
y está totalmente ausente del resto del Nuevo Testamento. Los apóstoles se
refirieron a la organización de la iglesia y la forma de realizar el
culto, incluyendo el canto, la oración la predicación y la Cena del Señor,
pero no dijeron ni una palabra acerca de la danza como parte integrante
del culto. El baile o la danza tampoco se mencionan al describir la tierra
nueva ni al detallar la adoración futura de los redimidos en el cielo.

Al considerar por qué un cristiano debe mantenerse puro, a veces se puede
caer en el error de pensar que hay que evitar la inmoralidad solamente
porque Dios la prohibió. Por supuesto que esto es cierto, pero es
necesario entender la razón por la cual el Señor la negó. Por un lado,
porque sabe que la inmoralidad es terriblemente destructiva para el
creyente. Por otro lado, porque la impureza moral nos impide tener
comunión plena con el. De ahí que no obedezcamos el mandamiento solamente
para evitar el castigo de la muerte eterna sino, además, y por encima de
todo1 porque al haber aceptado a Cristo nos unimos a el y comenzamos a
vivir en estrecho compañerismo con él (1 Cor.6:17).

 La orden bíblica de huir de la fornicación (1 Cor. 6:18) significa
abstenerse de todo lo que induce a la inmoralidad. Huir en este caso no es
evidencia de cobardía, sino de valentía y fidelidad a Dios. Como seres
humanos pecadores nos cuesta huir de la tentación porque nos atrae, pero
también porque tememos el ridículo y nos da vergüenza ser diferentes. Al
entregarnos a Cristo como nuestro Salvador, el Señor hace en nosotros lo
que nosotros no podemos hacer. "Porque no nos ha dado Dios espíritu de
cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Tim. 1:7).

Fuentes sanas de esparcimiento

Creo que, felizmente, la gran mayoría de 'os adventistas no asistimos a
los bailes; pero quizá no huimos totalmente de la tentación, y nos
detenemos a mirar como otros bailan, ya sea personalmente o, lo que es más
común1 en la pantalla. Parece un placer inofensivo que no nos afecta
moralmente. Sin embargo, Jesús explicó que se puede transgredir el séptimo
mandamiento sin necesidad de cometer ninguna acción: "Cualquiera que mira
a una mujer para codiciarla1 ya adultero con ella en su corazón" (Mat.
5:28). Tan serio es esto que el Señor continuo diciendo: "Por tanto, si tu
ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te
es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado
al infierno" (Mat. 5:29). Esta imperiosa necesidad de evitar la
contemplación de escenas impuras se ejemplifica en el testimonio de Job
registrado en el capítulo 31 de su libro, los versículos 1, 2 y 4: '. Hice
pacto con mis ojos: ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen? Porque
¿que galardón me daría de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente desde
las alturas?... ¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?"

Luego de analizar las razones por las cuales consideramos que el baile es
inconveniente para un cristiano1 quisiera sugerir que tenemos acceso a una
gran cantidad de recreaciones sanas que pueden ocupar su lugar
brindándonos mucho más que el baile. La necesidad de relacionamos
socialmente puede ser atendida mucho mejor mediante otras actividades que
nos permiten cultivar amistades profundas y duraderas dentro de un marco
de respeto hacia los demás y la pureza moral que cuenta con la aprobación
de Dios.
Al contemplar diariamente a Cristo se renueva y transforma nuestro
entendimiento, y llegamos a comprobar que la buena voluntad de Dios es
"agradable y perfecta" (Rom.12:2)


La verdadera felicidad no se logra mediante placeres como el baile, sino
mediante la comunión con el Señor. Porque "el hombre, creado para ser
compañero de Dios, puede hallar su verdadera vida y desarrollo únicamente
en ese compañerismo. Creado para hallar en Dios su mayor gozo, en ninguna
otra cosa puede hallar lo que puede calmar los anhelos de su Corazón, y
satisfacer el hambre y la sed interiores" (La Educación, p. 120).
 
Al profundizar nuestra amistad con Cristo, vamos aprendiendo a encontrar
recreaciones en las que él puede participar. Nos acostumbramos a
preguntamos sí él se sentiría cómodo de acompañarnos en tal o cual
recreación. Y nos habituamos a gustar más y más de lo que él puede
aprobar.
 

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