martes, 12 de junio de 2012

Baile en la Biblia.

PREGUNTA: ¿Por qué no se debe bailar si no tiene nada de malo?  El baile es parte de nuestra cultura y ¿acaso David no bailaba?
El baile o danza se menciona 27 veces en la Biblia. En la primera referencia dice que María dirigió a las mujeres de Israel en un canto y danza después de que pasaron a salvo por el Mar Rojo (Ex 15:20).  En la última Jesús dice que el retorno del Hijo Pródigo se celebró con música y danza. En estos dos ejemplos, la danza no es condenada.; de hecho en ninguna de las 27 citas bíblicas la danza es condenada.  Además, el Señor Jesús no dijo que la danza del Hijo Pródigo tuvo lugar cuando éste andaba perdido, sino cuando ya estaba de vuelta en casa de su padre. Y el sabio Salomón dice específicamente que hay un “tiempo para bailar” (Ecles 3:4). ¿Cómo te parece?
 
En la Biblia no vas a encontrar una sola condena a esta actividad,  pero vas a descubrir algo más: No vas a encontrar una sola cita que menciona un baile como los que conocemos hoy. Por ejemplo, no habla nunca de que bailaran hombres con mujeres o que bailaran dos personas abrazadas de ninguna forma. Además no vas a encontrar una cita en que dice que se practicara el baile por diversión o recreación. Es que estamos propensos a leer la Biblia con lentes culturales propios y no tomar en cuenta la cultura que predominaba en aquel entonces. En la cultura de Palestina, había algunas formas de expresar alegría que no son comunes hoy. Por ejemplo, la Biblia menciona que las personas daban saltos de alegría. Hoy los adultos no somos muy dados a saltar cuando estamos contentos, pero en aquel entonces sí era algo completamente común y natural. La danza que menciona la Biblia es sencillamente una extensión de esta costumbre. Como tal, era natural que las mujeres de Israel danzaran para celebrar la victoria en el Mar Rojo (Ex 15:20) y la victoria de David sobre Goliat (1 Sam 18:7). Y es muy lógico también que el padre del Pródigo organizara una danza, pues en esa cultura era una expresión clásica de regocijo. Entonces, ¿qué? Si la danza es una expresión de alegría, ¿acaso vamos a organizar uno como parte del culto divino el próximo sábado para expresar nuestra alegría en el Señor? Creo que no. Eso sería tratar de imponer la cultura del antiguo cercano oriente sobre la nuestra. Así como el idioma verbal cambia, también cambia el lenguaje cultural, y el Señor acepta que cada quien le hable en su propio idioma. Si no quisieras que te prediquen el próximo sábado en hebreo, creo que tampoco sería bueno expresar tu alegría cristiana de una manera que tal vez sería normal en la cultura hebrea, pero que no va a ser entendida de la misma manera en la nuestra.
 Además, creo que estarás de acuerdo de que el baile que se practica hoy en el mundo es totalmente diferente al mencionado en la Biblia cuando habla de las danzas del antiguo Israel. Cuando yo era muchacho, nos dijo un pastor: “Durante mi experiencia en el ministerio juvenil, varias veces se me ha preguntado ¿qué tiene de malo el baile? Pero yo he notado que quienes preguntan siempre son las señoritas. Los varones nunca me han hecho la pregunta.  Ellos ya saben qué tiene de malo”. Un día tuve ocasión de mencionar esto en clase, y uno de los jóvenes dijo: “Pastor, eso sería en su tiempo, pero hoy ya no es cierto”. Creo que vacilé un poco, dudando lo que quería decir, porque él agregó en seguida: “Hoy las muchachas también saben qué es lo que tiene de malo”.  
Del vals y el minué de siglos pasados, el baile evolucionó en la música swing y el jazz en la primera mitad de este siglo y en el rock metálico y el rap de hoy.  Cada uno de estos cambios ha significado un incremento significativo en la intensidad de los ritmos y el estridente golpeteo del acompañamiento. Ha significado además un aumento proporcional en el poder de la música para producir un impacto en el cuerpo y la mente. Ritmos hipnóticos procedentes del vudú y de otras religiones espiritistas de África han invadido el mundo a través de los grandes monopolios musicales de Nueva York, y tienen un efecto semejante al de las drogas en al mente de millones de jóvenes. Si alguna vez la iglesia necesitara reafirmar su posición en cuanto al baile, es hoy. Quiera el Señor llenarnos poderosamente de su Espíritu para que podamos discernir la verdad de este asunto y para que seamos guiados con el poder de lo alto al hablar con otros.
(1) Artículo ofrecido por el autor en ASD NET.
La Biblia afirma claramente que el verdadero concepto de familia proviene del mismo Dios, "el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra" (Efesios 3:14,15).
En el carácter de Dios vemos las cualidades de la paternidad. El es un Padre para Sus hijos. Esto significa:
  • Normas espirituales,
  • Amor fiel,
  • Total confiabilidad,
  • Paciencia y perseverancia.
A pesar de lo mucho que le han fallado Sus hijos, Dios no olvida Su propósito.
Nuestras responsabilidades En lo que a nuestras responsabilidades familiares se refiere, nosotros los padres debemos establecer las normas. Nuestros matrimonios deben tomar el modelo de las normas del cielo. Nuestro amor mutuo debe ser constante. El ejemplo de nuestras relaciones debe constituir un signo exterior que refleje nuestro compromiso interior con la Verdad que proviene de la Palabra de Dios. Debemos honrarnos uno al otro porque somos "coherederos de la gracia de vida." El apóstol Pedro continúa: "...para que vuestras oraciones no tengan estorbo" (1 Pedro 3:7). No podemos obtener fortaleza de nuestra relación familiar con Dios si no procuramos proporcionar fortaleza en nuestras relaciones familiares mutuas.
Tenemos la obligación de instruir a nuestros hijos sobre la paternidad de Dios y la boda de la iglesia con su Señor, pero no podemos hacerlo si el modelo no está siendo reflejado en nuestros propios hogares. Respecto de Abraham, Dios pudo decir: "Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová" (Génesis 18:19).
A los hijos de Israel les fue dicho que enseñaran los mandamientos de Dios: "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón, y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino..." (Deuteronomio 6:6,7). Entonces, preguntémonos:
  • Con cuánta frecuencia leemos juntos la Biblia?
  • ¿Oramos juntos con regularidad?
  • ¿Podemos explicar bien los principios fundamentales de la enseñanza bíblica?
  • ¿Qué tan activos estamos como familia en la Verdad?
  • ¿Tenemos invitados en nuestros hogares para hablarles acerca de la Verdad?
  • ¿Es natural en nuestra familia el estar envueltos en las actividades de la iglesia?
Un temprano comienzo Las normas deben ser establecidas tan temprano como sea posible. Pablo podía decir respecto de Timoteo: "Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras" (2 Timoteo 3:15). Con anterioridad había explicado la forma en que la fe de Timoteo había sido desarrollada por medio del ejemplo y la influencia de su abuela y de su madre (2 Timoteo 1:5).
Los niños pequeños son muy receptivos y hasta ansiosos por aprender. Por esto el Señor exhorta a sus discípulos a ser como niños. Como padres, nosotros tenemos una simple elección: tratar de guiar a nuestros hijos dentro del camino de la verdad y la justicia, o con nuestra negligencia atar una piedra de molino a su cuello y ahogarlos.
Al mismo tiempo, en nuestro celo por hacer lo correcto debemos mostrar equilibrio. En un mundo de atracciones fantásticas e influencias seductoras, puede que nuestros hijos encuentren la forma de vida de sus amigos mundanos más deseable que la nuestra si sólo ofrecemos un régimen de aburrimiento y excesivo rigor. La vida familiar debe ser alegre por lo menos parte del tiempo. En vez de prohibir todas las cosas que nos parecen mundanas, podríamos ser selectivos y ayudar a nuestros hijos a discriminar entre lo que es saludable y útil y lo que es malo e insidioso.
  • ¿Tratamos de gozar de las cosas verdaderamente buenas de la vida?
  • ¿Provocamos entusiasmo por las actividades intelectuales y físicas?
  • ¿Aprovechamos la creatividad e imaginación de los niños?
  • ¿Es positiva nuestra actitud o demasiado negativa?
Educación No debemos dar una importancia excesiva a la educación mundana, pero tampoco debemos tenerle miedo. Moisés, Daniel y Pablo aprendieron a hacer buen uso de la sabiduría humana. Si establecemos firmemente los principios fundamentales en el hogar, nuestros hijos podrán tener éxito en la escuela sin descuidar las normas y valores esenciales del hogar.
La familia de la fe
Nuestras iglesias tienen la responsabilidad de vigilar las familias de los miembros, y también la de cuidar la vida familiar de la iglesia. ¿Qué ejemplo debemos poner los que pretendemos ser hijos de Dios y hermanos en Cristo?
  • ¿Conocemos bien a los niños de nuestra iglesia?
  • ¿Ayudamos a animar y apoyar las familias de la iglesia?
  • ¿Realizamos reuniones y actividades que involucran a nuestras familias?
  • ¿Somos sensibles a las tensiones de la vida familiar? ¿Animamos o criticamos?
Recordemos que los niños son nuestra mejor fuente de futuros miembros. Sin nuestras familias la hermandad tendría un futuro dudoso. Compartamos, pues, las alegrías y pesares de nuestra vida común, ya que pertenecemos a "la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Efesios 2:19-21).

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